¿Cuál es el femenino de zar?

Hay idiomas en los que el género no está impregnado en las palabras, a menos que se especifique. El inglés no especifica el género, por ejemplo, mientras que en el japonés el masculino se supone, a menos que se aclare que se habla en femenino. Algunas palabras cambian de masculino a femenino, como en el caso de la palabra “zar”.

Es un título eslavo

Cada país, cada cultura, tiene distintas formas de referirse a sus autoridades, sea del origen que sean. En este caso, “zar” era el título que usaban los monarcas eslavos, en especial del imperio ruso entre 1547 y 1917 (cuando sucedió la revolución rusa), aunque desde 1721 la fórmula oficial fue la de “emperador”.

Zar” en masculino, “zarina” en femenino

“Zar” es el título para los monarcas masculinos, mientras que el femenino era “zarina”. Por lo general se las designaba como consortes del monarca, aunque hubo algunas que reinaron como zarinas, estuviera vivo el zar o no, opacando a su marido. Rusia le debe mucho de sus avances, tanto científicos como jurídicos y artísticos, a sus zarinas.

La primera, Anastasia Románovna Zajárina, reinó en 1547

En ese año, se otorgó por primera vez a una mujer el título de zarina de forma oficial. Fue cuando Anastasia Románovna Zajárina se casó con Iván IV, “el terrible”, hija de un boyardo y que dio a luz a seis bebés con su marido. Fue elegida entre muchas mujeres nobles en Moscú en edad de casarse. A su muerte, su esposo sospechó de que había sido envenenada por los mismos boyardos.

La última, Alejandra Románova, murió en 1918

Si has visto la película “Anastasia” (que no es de Disney), puede que el nombre te suene familiar. Alejandra Románova fue la última zarina de la historia, que fue asesinada debido a la mala adminsitración del zar Nicolás II, que dejaba muriéndose de hambre a su pueblo. De origen alemán, hizo todo lo posible para cumplir con sus deberes, pero la incapacidad de su marido hizo que la asesinasen en 1918.

Catalina I, la campesina que llegó a consorte

Cual cuento de hadas de Disney (no las versiones originales), hubo un caso en particular, el de Catalina I, nacida en Letonia como Marta Skavronska en 1684. Pasó a servir en la casa de un príncipe, con el que terminó como amante, y llegó a ser la esposa secreta del zar Pedro I. Entonces se convirtió a la fe oficial y cambió su nombre a Catalina Alekséievna, Catalina I.

Carlota de Prusia, la más noble

Muchas mujeres fueron zarinas, y la mayoría ostentaban títulos de nobleza de importancia. Sin embargo, la más noble de todas ellas fue Carlota de Prusia, comparada con las aristócratas rusas o las princesas alemanas que tenían menor categoría que ella. Hija de un rey y de una duquesa, reinó por treinta años, desde 1825 a 1855, casándose con el futuro zar Nicolás I.

Catalina II, “la grande”, la más amada

El amor del pueblo es un bien muy preciado si se desea mantenerse en el trono. En sus 34 años de reinado, desde 1762 hasta su muerte en 1796, Sofía Federica Augusta de Anhalt-Zebst (renombrada Catalina Alekséievna Románova) derrocó al pusilánime de su marido y comenzó una serie de reformas, jurídicas, comerciales, educativas y un largo etcétera, que hizo crecer al imperio ruso en poder y fama.

Las zarinas rusas tuvieron sus altos y sus bajos

Que ella tenía muchos amantes, un caballo incluido, que aquélla se dejó seducir por un sujeto con fama de alquimista, que trajo la prosperidad al imperio, que fue amada por su pueblo, que no aguantaba al débil de su marido o fue sólo una de una larga serie de amantes y esposas... Como toda monarca, no escapa de tener sus buenos y malos momentos, muchos de los cuales se vieron reflejados en el pueblo que gobernaban.

Aún hoy, hay aspirantes a zarina

La familia Romanov, a la que perteneció el último matrimonio real ruso, cuenta hoy en día con un centenar de miembros. Hay dos ramas principales, que se disputan el título de zar y zarina... un título que está más lejano que nunca. María Vladimirovna Romanova es una de ellas, y reclama el título para sí, arguyendo que la rama masculina se casó con personas ajenasa la realeza. Por increíble que suene, la disputa sigue hoy en día.