¿Qué signfica unplugged en la música?

El tiempo no para, y la realidad cambia cada día. A veces es algo lento, como el desgaste de una montaña, y otras es evidente, como la última pasión de un adolescente (nadie se salva de haberlo hecho). Hay herramientas que hace un siglo no eran ni siquiera soñadas, y hoy están al alcance del arte, por ejemplo. Esto hace que se deban usar nuevas terminología, como “unplugged”.

Música “sin enchufes de por medio”

La guitarra eléctrica significó una revolución en el ámbito de la música, y el nacimiento de nuevos géneros que le deben su existencia. La guitarra acústica, en cambio, ha estado acompañándonos por siglos: es esa que se puede tocar, y suena igual, aunque no haya parlantes amplificando el sonido. De ahí “unplugged”: desenchufado.

Significa un espectáculo más íntimo

Las versiones “unplugged” de un concierto siempre serán más reducidas que uno que usa parlantes. Además de los obvios motivos técnicos (el sonido pierde potencia conforme avanza), requiere de un público que respete el silencio de quien toca la pieza, y permite cobrar entradas más caras, dando espectáculos más íntimos y, por eso, más buscado por algunas personas que sigan al artista que toca o canta.

Asegura que se cantará y tocará en vivo, sin “trampas”

Es común escuchar cantantes que utilizan el “playback” en conciertos, es decir, que hacen la mímica de cantar, cuando en realidad se trata de una canción pregrabada sonando por los parlantes. Los sintetizadores pueden “arreglar” casi cualquier voz, y es casi el estándar en la actualidad. Nada de esto es posible en un concierto “unplugged”.

Significa una versión más “romántica” de una canción

Pocas persona en un ambiente pequeño, cercanía con artistas, silencio expectante: todo esto contribuye a un ambiente romántico, donde las mismas canciones se cantarán distinto, para adaptarse al nuevo medio. Se hacen arreglos en las canciones, y hasta pueden modificarse las letras.

Es la versión más auténtica posible de una canción

Hay artistas que no podrán ahcer nada “unplugged”, nunca. Hatsune Miku, por ejemplo, es una cantante pop virtual, hecha 100% en computadora, que nació del programa sintetizador de voz “Vocaloid”. Era uno de los tantos bancos de voz (es decir, muestras que se pueden usar en dicho programa), y el público le fue dando forma, imagen, historia... y la siguió por años, hasta ahora. Ella, junto con muchos artistas que dependen de la tecnología, jamás podrá hacer nada “unplugged”.

Atrae a fans que siguen a un grupo, y no por moda

Las entradas son más caras, y estos espectáculos no son del gusto de toda la población. Por eso, sólo quienes sigan a determinado grupo, o artista, irán a por ellas. Puede que oigas sin escuchar un tema tras otro en la radio, pero si tienes que pagar y estar en silencio, mucha gente se hará a un lado. Te tiene que interesar mucho un artista o grupo para hacer la milla extra y estar en un espectáculo más íntimo (y más restringido) que el común.

Se concentra en la música, no en los efectos especiales

Cuando no hay forma de usar atajos o trucos, tanto quien canta como quien toca los instrumentos deben mostrar su talento, sin ayudas ni trampas. Esto hace que se resalte la voz, o la interpretación, sin “añadidos”. Si se escucha la misma canción en versión “unplugged” y clásica, se notará la diferencia, y mucho.

Darle a la voz humana el respeto que merece”

Esta lapidaria frase fue escrita por alguien que no soportaba tanto efecto electrónico tapando voces humanas. En una época en donde se puede hacer música con programas de computadora, y donde superestrellas de la canción pueden crearse en el ámbito virtual, lo “unplugged” “no deja sitio a cantantes para esconderse”: deben demostrar que su fama es fundamentada, o si se debe a los adelantos técnicos.

Nació luego de la era de la electrónica masiva

En 1967, Pink Floyd usó, por primera vez en la historia, el sonido envolvente (surround) en un concierto. Con el surgimiento de esta tecnología, hubo quienes decían que la forma anterior era superior (¿no suena conocido?), y que esos aparatos despersonalizaban el arte. Luego de varios años, se llegó a un punto en donde había un público dispuesto a pagar más por un concierto sin amplificadores de ninguna clase, y el negocio estaba servido.